9/22/2008

La parábola del autoexilio

Nadie nunca supo a ciencia cierta la razón del porque me había colocado
"la corbata" el invierno pasado. En aquel entonces, cuando era "humano"
sufría por el amor de alguien que apenas sabía mi nombre completo.

Me puse el dichoso adorno al cuello, un día frío y estuve junto al árbol
mas hermoso de todo el parque. Cuando mis pies no tocaron el suelo
por unos instantes, algo mágico ocurrió y fui uno con el árbol.

Estoy contento ahora, debo decir. Me alegra contarles que
he vuelto a ver a mi amada platónica y esta vez tenemos un vinculo
muy especial. Aunque este sentir no tenga un significante
estoy muy seguro que es real. ¿Pueden creer que aun siendo
yo un vegetal puedo sentirlo de manera inequivoca?
Esto me hace sentir muy pleno.

Ella me visita desde hace algún tiempo y aunque habla poco
sabe exactamente donde mirarme a los ojos, disfruta de mi sombra
en estos días soleados y joviales, me abraza por el tronco
y tiembla tiernamente en una mueca trémula.

Luego me coloca la misma corbata que usé el día en que cambié
mi identidad, me observa, llora emocionada... debe ser por lo eterno que
parezco ahora, luego cuando oscurece me quita la corbata
y luego se va, para así volver a la tarde siguiente.

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Me encantaria sacarme la cabeza.
Y bueno, que cabeza, adentro no tengo más que una pasa con una neurona que apenas puede con tanta información.

Gracias por leer mi parodia "pelistica" :) Yo me voy psicopatiar tus escritos. JUM.

9:09 PM  

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