Lo que sentí fue felicidad
Ocupaba un ladrillo a diario, para escribir las conclusiones que surgían de lamentarme
largamente... mirando de frente el muro de una plaza cercana.
Un día... sin tener mucho que decir, empantanado en algún delirio depresivo
o de innecesaria auto-compasión, solo me limité a ocupar mi correspondiente
rectángulo con dos líneas y una parábola debajo (una cara triste).
Después de aquel día y unas semanas sin tener animo de ir a "rayar la vida"
fue toda una sorpresa encontrarme con una respuesta a muchas de mis anteriores notas.
Supe inmediatamente que eras tú, lo intuí por lo mucho que habías escrito,
por las curvas que delineaban tus letras, y por tu poco respeto hacia mi hábito de
no sobrepasar el margen de los ladrillos.
Varias respuestas mutuas antecedieron a lo que se fue convirtiendo matemáticamente
en una amistad, sugerente admiración, consecuente deseo, nostalgia y dolorosa estimación.
Ambos teníamos vidas muy distintas, sin contar los compromisos amorosos de cada uno
que eran extranjeros del lugar imaginario que habíamos creado
en la decadente y solitaria plaza de nuestro barrio habitación.
Se dejaron caer las declaraciones de amor eterno, los interminables sufrimientos
las notas privadas, detrás de las enredaderas, los conflictos de dependencia
escritas con un clavo incluso, cuando la angustia consumía los plumones
Se acababan los lugares en blanco, sobre el curioso muro
que en cierta nota bautizamos como Libertad.
El país de tierras verticales donde se había dibujado nuestra historia
la cercanía de aquel desenlace, nos hizo dejar de escribir un tanto
pero a la vez no nos dejaba pensar en otra cosa, que no fuese el sabroso final.
Supe que estarías aquella mañana en la plaza, supe también como estarías vestida
(aunque jamás nadie escribió instrucción alguna sobre aquel día)
sabía que llevarías dos maletas, una paño al cuello, el pelo suelto (desordenado)
y una postal arrugada del lugar al cual deseabas escapar.
Lo que de verdad no esperaba...
es que trajeras contigo un balde repleto de pintura
Fue así como me ofreciste un rodillo, para que borrara tus angustias
(pero con la suma condición… de no olvidarlas jamás)
largamente... mirando de frente el muro de una plaza cercana.
Un día... sin tener mucho que decir, empantanado en algún delirio depresivo
o de innecesaria auto-compasión, solo me limité a ocupar mi correspondiente
rectángulo con dos líneas y una parábola debajo (una cara triste).
Después de aquel día y unas semanas sin tener animo de ir a "rayar la vida"
fue toda una sorpresa encontrarme con una respuesta a muchas de mis anteriores notas.
Supe inmediatamente que eras tú, lo intuí por lo mucho que habías escrito,
por las curvas que delineaban tus letras, y por tu poco respeto hacia mi hábito de
no sobrepasar el margen de los ladrillos.
Varias respuestas mutuas antecedieron a lo que se fue convirtiendo matemáticamente
en una amistad, sugerente admiración, consecuente deseo, nostalgia y dolorosa estimación.
Ambos teníamos vidas muy distintas, sin contar los compromisos amorosos de cada uno
que eran extranjeros del lugar imaginario que habíamos creado
en la decadente y solitaria plaza de nuestro barrio habitación.
Se dejaron caer las declaraciones de amor eterno, los interminables sufrimientos
las notas privadas, detrás de las enredaderas, los conflictos de dependencia
escritas con un clavo incluso, cuando la angustia consumía los plumones
Se acababan los lugares en blanco, sobre el curioso muro
que en cierta nota bautizamos como Libertad.
El país de tierras verticales donde se había dibujado nuestra historia
la cercanía de aquel desenlace, nos hizo dejar de escribir un tanto
pero a la vez no nos dejaba pensar en otra cosa, que no fuese el sabroso final.
Supe que estarías aquella mañana en la plaza, supe también como estarías vestida
(aunque jamás nadie escribió instrucción alguna sobre aquel día)
sabía que llevarías dos maletas, una paño al cuello, el pelo suelto (desordenado)
y una postal arrugada del lugar al cual deseabas escapar.
Lo que de verdad no esperaba...
es que trajeras contigo un balde repleto de pintura
Fue así como me ofreciste un rodillo, para que borrara tus angustias
(pero con la suma condición… de no olvidarlas jamás)

0 Comments:
Post a Comment
<< Home