Ella
“Cuanto me cuesta”, meditaba el joven, mientras dejaba caer los cigarrillos de manera torpe.
Con una pálida sonrisa trataba de contener el rubor. Mirarla a los ojos y verla sonriente
era casi inconcebible se decía a si mismo. Mientras, ella, volvía a su rostro… blanco como una pagina abierta, con la mirada calada de sombríos reflejos, de una franqueza color pardo.
La plaza Yungay, los niños y las columnas de humo que emanaban de las risas a lo lejos, de bancas negras... carentes de rostros, hacían de el lugar algo sacado de una postal curiosa, especial para un turista despreocupado. Ella avanzaba hacia a el ofreciendo tupidas historias, hablaron tendido, caída la tarde, sorprendidos por la luz del farol, como si el resto del día no tuviese mas razón que contarse la vida, ningún motivo ajeno, mas que exprimir el corazón.
- Así amigo, justo en el momento mas apretado de esa tarde, envenenado por el dulce vaivén de su risa, un poco escapando del lugar, simplemente me fui
- Por que hiciste eso? por lo que dices pareciera que se entendían bien, que te paso?
- Tuve miedo.
- Miedo de que? la historia parecía perfecta. Ella, tú, la plaza, la chirimoya, las papas fritas, el café. Hace más de una hora que me vienes con el cuento este. No puedes decirme que tuviste pánico escénico y así nada más... corriste?.
- Era demasiado para mi, simplemente no supe decirle cuanto me gustaba, decirle que hubiese abandonado todo en un instante por estar con ella. Como se dice? ... me corté.
- No lo entiendo. Tu no te quedas atrás, no conozco a nadie menos tímido que tú.
- Fue valor, me entiendes, ese cosquilleo que sientes a los quince años, el estomago no te deja pensar. Tuve ganas de besarla sin aviso, tu sabes... las cosas podían salir mal.
- Y por que no lo intentas de nuevo? te veo de mejor semblante ahora que en ese entonces.
- Podría ser, pero sé que aun no tengo el valor.
- Tu quieres decir coraje verdad?
- No amigo, valor, un precio emocional, un brillo interno, una historia en sepia
y un par de balas en el interior. algo que la llame...
algo que me haga dueño y señor de su corazón.
Con una pálida sonrisa trataba de contener el rubor. Mirarla a los ojos y verla sonriente
era casi inconcebible se decía a si mismo. Mientras, ella, volvía a su rostro… blanco como una pagina abierta, con la mirada calada de sombríos reflejos, de una franqueza color pardo.
La plaza Yungay, los niños y las columnas de humo que emanaban de las risas a lo lejos, de bancas negras... carentes de rostros, hacían de el lugar algo sacado de una postal curiosa, especial para un turista despreocupado. Ella avanzaba hacia a el ofreciendo tupidas historias, hablaron tendido, caída la tarde, sorprendidos por la luz del farol, como si el resto del día no tuviese mas razón que contarse la vida, ningún motivo ajeno, mas que exprimir el corazón.
- Así amigo, justo en el momento mas apretado de esa tarde, envenenado por el dulce vaivén de su risa, un poco escapando del lugar, simplemente me fui
- Por que hiciste eso? por lo que dices pareciera que se entendían bien, que te paso?
- Tuve miedo.
- Miedo de que? la historia parecía perfecta. Ella, tú, la plaza, la chirimoya, las papas fritas, el café. Hace más de una hora que me vienes con el cuento este. No puedes decirme que tuviste pánico escénico y así nada más... corriste?.
- Era demasiado para mi, simplemente no supe decirle cuanto me gustaba, decirle que hubiese abandonado todo en un instante por estar con ella. Como se dice? ... me corté.
- No lo entiendo. Tu no te quedas atrás, no conozco a nadie menos tímido que tú.
- Fue valor, me entiendes, ese cosquilleo que sientes a los quince años, el estomago no te deja pensar. Tuve ganas de besarla sin aviso, tu sabes... las cosas podían salir mal.
- Y por que no lo intentas de nuevo? te veo de mejor semblante ahora que en ese entonces.
- Podría ser, pero sé que aun no tengo el valor.
- Tu quieres decir coraje verdad?
- No amigo, valor, un precio emocional, un brillo interno, una historia en sepia
y un par de balas en el interior. algo que la llame...
algo que me haga dueño y señor de su corazón.

1 Comments:
Presiso. Me recuerdo sintiendo algo parecido y hutyendo también... Solo que al final yo nunca tuve el valor de conseguir el carozón de nada. A algunos la vida nos juega al revez.
Un gusto conocerlo, caballero, y gracias por sus plabras =)
Agregaré su blog en el mío si no le molesta, para así no perderle la pista, mas bien... la lectura xD
Que esté bien!
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